Pandemials

Dicen los ginecólogos, así lo publicamos en el periódico, que la cuarentena ha sido fecunda. Que el cariño ha llevado al roce y que las consultas de estos profesionales han vivido estas últimas semanas un número más elevado de lo habitual de primeras llamadas de mujeres que creen estar embarazadas. Es normal, fueron ocho semanas de confinamiento estricto y no todo el mundo tiene Netflix. O aún teniéndolo, que para muchas parejas lo primero aún es lo primero, afortunadamente. ¿El encierro alumbrará un nuevo baby boom?, se preguntaba la compañera Silvia Osorio desde el titular.

Uno no sabe si darles la enhorabuena o llamarles insensatos. Como sabes, yo tengo tres, de 9 años el mayor y dos mellizos de 6. Y aquí seguimos, teletrabajando y tratando de ordenarles todos los días las tareas escolares, que no son pocas, atender a sus obligados momentos de ocio y disponer todo para que la vida siga sin mayores contratiempos en sus rutinas. Trabajadores a distancia, profesores sin título y encargados de las tareas domésticas, así seguimos pasando nuestros días en casa, como ocurre en muchas otras. Con tres ordenadores conectados de forma permanente y a pleno rendimiento y restando tiempo a todo lo demás para intentar no caer en el desánimo y ceder ante las tentaciones que estos días, en las casas con niños, tienen forma de pantalla: la tele, la switch, la tablet. Todos sabemos que la única paz real se consigue en ese bendito momento en que están con su juego favorito, pero para compensarlo en nuestro caso hemos establecido estrictos momentos de lectura y de descanso silencioso. Pero no lo tomes como una queja. Peor sería no poder trabajar, no poder atender siquiera mínimamente a los niños. El futuro pinta gris para todos, pero algunos (hay muchos más, pero me vienen a la mente nuestros queridos hosteleros y todos esos autónomos a quienes se les ha hecho de noche de repente) conocen ya todas las tonalidades del negro.

Imagino que habrá que buscar un nombre para esos niños que salgan de la crisis sanitaria. Pandemials, por ejemplo, los sucesores de los Millenials, de las generaciones X, Y y Z y del resto de jóvenes tan descolocados ahora como lo estarán ellos cuando tengan uso de razón. Supongo que estarán hechos de una pasta diferente, que serán más independientes, empáticos, preparados para todo. Y quiero pensar que vendrán con el distanciamiento social de serie y desde luego con una pantalla bajo el brazo. Años y años creyendo que los ordenadores era algo que se debía evitar a determinadas edades y ahora los míos de 6 años manejan el Mac mejor que yo y se educan a base de entradas en blogs, kahoots, juegos online y videoconferencias por Zoom. “La educación presencial es insustituible”, decía ayer en una entrevista en El País la ministra de Educación, Isabel Celaá. Espero que así sea, que en septiembre se pueda regresar a las aulas, al contacto profesor-alumno, a la convivencia social de los recreos y a los pequeños conflictos de los que tanto aprenden.

Ayer murió Julio Anguita, el gran personaje de la izquierda que llevaba 20 años retirado de la política, cómo pasa el tiempo. Circuló ayer un vídeo reciente, en el que alertaba a los jóvenes: No tenéis futuro alguno, les decía. Jóvenes que me escucháis, no tenéis futuro. Salvo que cambiéis, ojo, no que lo cambien los demás, sino que luchéis para que os lo cambien. No seré yo tan dramático como él, esas generaciones ahora azoradas por esta situación tan excepcional tienen el mismo complicado futuro que tuvimos los demás hace ahora unas décadas. Y muchos, pese a las advertencias de algunos, conseguimos vivir mejor que nuestros padres. Otros no, cierto es. Pero el futuro siempre es apasionante. Puede ser gris, puede teñirse de colores poco alegres, pero no deja de ser apasionante. Allí nos veremos, allí veremos a estos recién estrenados pandemials, y nada será igual, porque seguramente será mejor.    

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