Mudamos de piel

Hoy renovamos elcorreo.com. Nuevo diseño, más limpio, más ágil, más responsive (el móvil apunta ya al dispositivo principal de acceso a los contenidos webs en un futuro inmediato) y retoques de criterio en la presentación de los contenidos. Es un paso lógico, que antes que nosotros han dado otras cabeceras en esta permanente lucha por intentar comprender qué quiere un lector web cambiante, cuyos hábitos se modifican a una velocidad de vértigo que a los grandes barcos como el nuestro (Vocento y su docena de cabeceras regionales) le cuesta tiempo interpretar. Muy posiblemente poca gente se habrá dado cuenta del cambio. Nos amoldamos a lo nuevo con una facilidad pasmosa y es posible que en pocos días ni siquiera nosotros, que trabajábamos a diario con él, recordemos cómo era el anterior entorno.

Mudamos la piel, pero la apuesta se mantiene. En un momento de zozobra en el modelo informativo reforzamos nuestra convicción de que, siguiendo la estela de pago por contenidos de los más importantes medios internacionales, estamos en la senda correcta para la pervivencia de un periodismo profesional que permita la exisntencia de empresas y profesionales dedicados a dar a su audiencia la información que interpretamos que precisa para su toma de decisiones diaria. Quienes no lo han hecho, entre ellos los grandes medios españoles, se enfrentarán al vaivén del mercado publicitario online para subsistir, un mercado que quizá ya no quede en sus manos, sino en las de Facebook o Google. Quizá les vaya bien. Pero nadie puede asegurarlo.

En elcorreo.com tenemos ya una comunidad notable de vascos, dada nuestra condición de medio de ámbito fundamentalmente vizcaíno y alavés, que han decidido pagar por recibir la información local que les atañe. Es una gran exigencia a la que intentamos responder a diario al igual que lo hacemos en nuestro formato centenario, el periódico impreso. En ello estamos y en ello empleamos nuestras (largas) jornadas de trabajo. Con errores, fallos de criterio y también aciertos, claro. Y con la implicación con nuestros pueblos y ciudades como seña de identidad. No siempre se puede contentar a todos, eso es cierto.

Todo va bien, decía alguien, cuando un periódico cabrea cada día a un tercio de su audiencia.

La clave es que no sea siempre el mismo tercio.

 

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