Los rockeros no mueren a los 27, mueren… a los 56

  • Un exhaustivo estudio sobre la muerte en la música desmonta el mito del cadáver joven y revela que la mayor causa de muerte entre los raperos es el homicidio y entre los heavys, el suicidio

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“Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. La frase, erróneamente atribuida al actor James Dean, quien nunca la pronunció, ha sido uno de los iconos también de otro arte de masas, la música popular, el rock y sus derivados, sobre todo. Otra lo ha sido la típica de “drogas, sexo y rocanrol”, que en esencia viene a significar lo mismo. La vida a tope, el exceso, el carpe diem de las carpetas de los adolescentes. Vivirlo todo en los 20 y quedarse sin nada para el futuro. Agotarse en la veintena. Propiciar un estético velatorio.

Símbolo de este furor por agotar la vida en dos sorbos son los músicos a los que se ha dado en llamar el Club de los 27. Grandes estrellas que murieron precisamente a esa edad, justo después de alcanzar lo que se podían suponer como sus cimas creativas. Sus miembros más relevantes son siete: Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain, Amy Winehouse y, el primero de todos ellos y por tanto fundador del clan, el rey del Delta Blues Robert Johnson. Y aunque para el común de los mortales se trata de una simple coincidencia, el mito ha alcanzado tales proporciones que hay quien se ha tomado su tiempo para desmontarlo con seriedad y, sobre todo, con datos. Muchos datos.

Una investigadora australiana de la Universidad de Sidney, Dianna Theadora Kenny, profesora de psicología y música, ha analizado las muertesde más de 12.600 músicos de todos los estilos desde 1950 y ha llegado a interesantes conclusiones. Una, que lo de los 27 es un mito, porque en realidad los músicos tomados en su conjunto mueren con mayor frecuencia a los 56. Dos, que mueren más jóvenes los músicos de los estilos “nuevos” (rap, hiphop, metal, punk…) que los de los “viejos” (blues, jazz, folk), que tienen en general una mayor esperanza de vida y equiparable a la de los ciudadanos ajenos a la música (no hay más que ver a Percy Sledge, figura del soul sureño, que falleció esta semana a los 73 años en Louisiana). Y tres, que la causa de muerte predominante varía de forma notable de un estilo a otro. Los raperos tienen una singular tendencia a morir asesinados, mientras que los punks tiene un elevado porcentaje de muertes accidentales (por sobredosis, por ejemplo) y los heavys son los que más se suicidan.

Los 27. De Johnson a Amy

Pero vayamos por partes. Los 27. La investigadora admite la irresistible atracción que provoca el hecho de que grandes figuras del rock hayan fallecido en dramáticas circunstancias a esa edad, lo que contribuyó de forma definitiva a la creación de un mito que sin embargo no se sostiene en datos. Porque no, no existe ningún riesgo especial para los músicos a los 27. De hecho, analizados los 11.054 músicos con muerte datada entre 1950 y 2010 de la base de la investigadora, se extrae que el 1,2% (128) fallecieron a los 26. El 1,3% (144), a los 27. Pero aún más, el 1,4% (153), lo hicieron a los 28. ¿Por qué hay un mito sobre los 27 y no sobre lo 28, entonces? Pero Kenny aún va más lejos y establece, año a año, el número de fallecimientos. La mayor frecuencia se da a los 56, con un 2,2% del total (239 casos). ¿Quién murió a los 56? El guitarrista de blues Baby Tate, por ejemplo. Y el cantante de country Chris LeDoux o Mimi Farina, cantante y activista hermana de Joan Baez. Pero claro, nada que ver con el tirón mediático de Cobain y compañía.

Porque las muertes del club de los seis (de los siete, incluyendo a Robert Johnson) resultaron tan chocantes y dramáticas que dejaron huella en la historia de la música. Por orden cronológico, la primera fue la de Johnson, si se le considera (que no siempre) miembro del club (1911-1938). El bluesman de Misisipí solo dejó registrados 29 temas, pero su influencia ha sido enorme en la evolución del blues y los estilos derivados. Murió en extrañas circunstancias, sin que se sepa a ciencia cierta de qué. Entre las leyendas sobre su muerte, de la que no hubo autopsia, se cita un envenenamiento por whisky, un ataque de sífilis y una neumonía.

Pero la leyenda de los 27 se tejió a principios de los 70, cuando fallecieron cuatro de sus miembros más ilustres. Brian Jones, miembro fundador de The Rolling Stones hasta un mes antes de su muerte, lo hizo en 1969, ahogado en su piscina. En septiembre de 1970 lo haría Jimi Hendrix, el mejor guitarrista de todos los tiempos en la lista de la revista Rolling Stone (opinión y para la práctica totalidad del mundo de la música), por aspiración de su propio vómito tras una intoxicación de somníferos y alcohol. En octubre de ese año murió Janis Joplin, símbolo de la contracultura y primera mujer convertida en estrella del rock, de una sobredosis de heroína. Y un año después, en julio de 1971, Jim Morrison, de lo que pareció un paro cardíaco. Cuatro muertes en dos años de grandes estrellas del rock que inevitablemente dieron forma a la leyenda, que se amplió ya en décadas posteriores tras el suicidio del líder de Nirvana, Kurt Cobain (1994), y del envenenamiento por alcohol de Amy Winehouse, quien parecía lamentablemente destinada a tal final.

¿Quién muere joven?

La investigación de Kenny se detiene también en la esperanza de vida de los músicos divididos por géneros. La segunda conclusión asalta enseguida. Mueren más jóvenes los integrantes de los estilos modernos (electrónica, punk, metal, rap, hip-hop) que aquellos de los ritmos clásicos. De hecho, la edad media de fallecimiento de los músicos de jazz, soul, gospel o country no difiere sustancialmente de la media de su generación. Raperos y demás, sin embargo, viven la mitad que sus coetaneos ajenos a la música.

Las causas de la muerte

Y esta última estadística se completa con la tercera de las conclusiones de la investigadora australiana: algunos géneros musicales son intrínsecamente más peligrosos que otros. Lógicamente no es por la música en sí, sino por su entorno, explica Kenny. El rap y el hip hop, por ejemplo, están tan asociados a culturas y comportamientos cercanos a la violencia que la principal causa de muerte entre sus practicantes es el homicidio (causa de muerte en un 51%, nada menos). Las muertes accidentales (sobredosis, intoxicaciones y otras) son muy comunes entre los músicos de punk y metal (por encima del 30% en ambos casos) y resulta curioso que entre estos últimos también el suicidio sea una de las principales causas de fallecimiento, siendo el tipo de música donde se da con más frecuencia.

Por el contrario, prueba de que los músicos de los viejos géneros son más longevos. Las principales causas de deceso están relacionadas con enfermedades o situaciones que aparecen predominantemente con la edad como el ataque cardíaco (principal causa de muerte en el blues) o el cáncer (jazz, country).

Los tres artículos de la investigación de Kenny pueden consultarse aquí: Starway to Hell: Life and Death in the Pop Industry, The 27 Club is a Mith: 56 is the bum note for musicians y  Music to Die for: How genres affects popular musicians’ life expectancy

Este artículo fue publicado originariamente en elcorreo.com el 18 de abril de 2015

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